martes, 30 de noviembre de 2010

PAZ


Jugar a la rayuela en un jardín con pasto bien verde. Escribir los números con panaderos cargados de pan y buena suerte. Que el cielo sea un colchón de tréboles de cuatro hojas y que no exista el infierno. Abrazar al sueño que me abraza y ver en los ojos que nacieron de mí todo el amor de un sueño maravilloso.
Bordarle las plumas a las alas rotas, coser las grietas.
Ver los ojos de papá frente al espejo. Saber que siempre vivirán sus ojos.
Despertar.
Y descubrir que los sueños no sólo existen en los sueños.
Sonreír de cara al sol.
Al fin, sonreír.