jueves, 22 de abril de 2010

La oficina de los corazones rotos


A Juan Imassi (por prestarme la idea)

Hoy me reporté en la Oficina de los corazones rotos. Pegaron en mi ficha una foto de ayer. Me hicieron escribir en una hoja mil veces la palabra “ilusa”, en otra hoja la palabra “terca”, en una tercera la frase: No se debe soñar con imposibles. Escribieron mi nombre en cursiva. Me hicieron firmar, sellar con mis huellas dactilares el archivo y metieron todo en una carpeta color gris.
De ahora en más quedé morosa e inconclusa. Mi caso será transferido a incurables. Es lógico, no podía ser de otra manera, ni siquiera llegué a ser una posibilidad en una lista de tantas. Y eso, al menos en mi país, te deja marcada para siempre.

2 comentarios:

  1. No importa, compi!!! Yo te quiero igual porque soy otra ilusa y terca profesional. Me encantó el texto, besossssss.

    AP

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  2. siempre me imagine a la sede de los corazones rotos, no tanto como una oficina gris y burocratica, sino como una sala de espera, blanca, impoluta, con luces cegadores.
    sala de espera de una terapia intensiva, de una transfusion de sangre, conectada al corazon, siempre me imagine encontrar mi corazon roto gemelo (no "alma") alli, en la espera, agonizando.

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