martes, 13 de abril de 2010

La casa de los suspiros


La casa de los suspiros se abre a la medianoche y los suspiradores hacemos fila, pacientes y expectantes. Algunas veces empezamos a suspirar en esa fila y para cuando entramos los suspiros se nos intensifican de tal forma que, aunque queramos disimular, se nos nota la suspiración desmedida. En esos casos, los otros suspiradores nos tildan de egocéntricos y nos acusan de querer dar la nota. Otras veces, los suspiros no aparecen ni aún estando adentro, por más que nos esforcemos, que finjamos suspirar, se nos nota la suspiración falsificada. Entonces, los otros, nos tildan de mentirosos, nos acusan de querer aparentar lo que no somos.
A mí últimamente me pasa que vivo suspirando aunque no lo vea. Y como ya no simulo nada, ni me dejo arrebatar por los suspiros espontáneos, me nombraron habitué de la casa. Esta medianoche, me darán un talón de suspiros extra de regalo que, por supuesto, pienso dárselos a él. Seguramente, cuando se cumpla el año, hasta le pongan mi nombre a un cuarto.

2 comentarios:

  1. Hermosa historia!
    -¿Qué espera usted de la vida?
    -Aspiro a suspirar...

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  2. É delicioso...(suspiro...)
    seu Geraldes de Carvalho

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