martes, 20 de abril de 2010

DELIRIO XXXI - Piedra


Y ahora que se va, sólo resta proteger la risa y la lágrima. Anteponer la red para atraparse en ella misma. Nadar hacia otro lugar. Dejar que el mar se seque con el resto de su historia. No volver a ser la sirena que dormía. Ser sirena que despierta y se traga toda el agua. Ser agua y viento que empuja al torrente. Olvidar.
Sólo resta, ahora, que desborda, silenciarse para siempre, nadar con la corriente que la aleja. Dejarse llevar por el adiós. Escribir el epitafio de su sueño. Escribir en el frío de la piedra que era hermosa y era buena, que era amante y amiga, que era par y cómplice y que no murió por voluntad propia.
Anteponer la red por protección. Saber que ya no.
Porque le llegó el sueño cuando ya no tenía permitido soñar. Sabe que es cierto. Se sabe vuelta piedra. Una estatua de sirena. Una estatua de mujer. Un silencio para siempre.
Un silencio en grito. Un grito mudo ella. Protegida de todo sueño. Piedra. Ahora se va. Se aleja. Y ya no va a volver.

2 comentarios:

  1. Karina es una hermosa carta. Un delirio tan tremendamente real: el abandono.
    Un abrazo
    Valeria Zurano

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