jueves, 22 de abril de 2010

La oficina de los corazones rotos


A Juan Imassi (por prestarme la idea)

Hoy me reporté en la Oficina de los corazones rotos. Pegaron en mi ficha una foto de ayer. Me hicieron escribir en una hoja mil veces la palabra “ilusa”, en otra hoja la palabra “terca”, en una tercera la frase: No se debe soñar con imposibles. Escribieron mi nombre en cursiva. Me hicieron firmar, sellar con mis huellas dactilares el archivo y metieron todo en una carpeta color gris.
De ahora en más quedé morosa e inconclusa. Mi caso será transferido a incurables. Es lógico, no podía ser de otra manera, ni siquiera llegué a ser una posibilidad en una lista de tantas. Y eso, al menos en mi país, te deja marcada para siempre.

martes, 20 de abril de 2010

DELIRIO XXXI - Piedra


Y ahora que se va, sólo resta proteger la risa y la lágrima. Anteponer la red para atraparse en ella misma. Nadar hacia otro lugar. Dejar que el mar se seque con el resto de su historia. No volver a ser la sirena que dormía. Ser sirena que despierta y se traga toda el agua. Ser agua y viento que empuja al torrente. Olvidar.
Sólo resta, ahora, que desborda, silenciarse para siempre, nadar con la corriente que la aleja. Dejarse llevar por el adiós. Escribir el epitafio de su sueño. Escribir en el frío de la piedra que era hermosa y era buena, que era amante y amiga, que era par y cómplice y que no murió por voluntad propia.
Anteponer la red por protección. Saber que ya no.
Porque le llegó el sueño cuando ya no tenía permitido soñar. Sabe que es cierto. Se sabe vuelta piedra. Una estatua de sirena. Una estatua de mujer. Un silencio para siempre.
Un silencio en grito. Un grito mudo ella. Protegida de todo sueño. Piedra. Ahora se va. Se aleja. Y ya no va a volver.

martes, 13 de abril de 2010

La casa de los suspiros


La casa de los suspiros se abre a la medianoche y los suspiradores hacemos fila, pacientes y expectantes. Algunas veces empezamos a suspirar en esa fila y para cuando entramos los suspiros se nos intensifican de tal forma que, aunque queramos disimular, se nos nota la suspiración desmedida. En esos casos, los otros suspiradores nos tildan de egocéntricos y nos acusan de querer dar la nota. Otras veces, los suspiros no aparecen ni aún estando adentro, por más que nos esforcemos, que finjamos suspirar, se nos nota la suspiración falsificada. Entonces, los otros, nos tildan de mentirosos, nos acusan de querer aparentar lo que no somos.
A mí últimamente me pasa que vivo suspirando aunque no lo vea. Y como ya no simulo nada, ni me dejo arrebatar por los suspiros espontáneos, me nombraron habitué de la casa. Esta medianoche, me darán un talón de suspiros extra de regalo que, por supuesto, pienso dárselos a él. Seguramente, cuando se cumpla el año, hasta le pongan mi nombre a un cuarto.

jueves, 8 de abril de 2010

DELIRIO XXX - Médula


Anoche tuvo un sueño: Todas sus ella se aunaron en un solo enjambre, en un solo estado, en una sola sustancia. Todas ella se envolvieron en la pausa de la noche y se internaron en la espera. Esperaron que el destiempo las abandonara, las desechara al fin de su marcha impetuosa. Despiertas, dormidas, acariciaron todas juntas los mismos ojos. Se entregaron al deseo de una misma piel. Esa piel que puede más que ninguna otra piel, esa piel de olor a dulce incienso de sal. Mar embravecido, pasión artista. Toda esa piel las contagia y las viste y ellas son acaso sólo un ella, únicamente un ella sus todas frente a aquellos ojos.
El sueño que soñó los pasos de un tiempo alejándose, un tiempo acercándose, un tiempo nuevo al encuentro de la plenitud. En el sueño que soñó un tiempo que no es sueño. Un proclamo, ella, en aquellos ojos. Ella parte de sus iris, impregnando la mirada. Únicamente ella en los pliegues de esa piel.