viernes, 15 de enero de 2010

DELIRIO XXIII - Periplo


Y no sabe si decirlo. Se anuda con furor en sus manos y del centro de sí le vuelan libélulas azules que murmuran lo que calla. Ahí en ese punto invisible, al filo del horizonte, en donde se encuentran los pensamientos de ambos. Ahí en donde las palabras que no dicen se hacen nexo y nítida voz en la distancia. Ahí en la mitad del estar lejos, en el silencio del bullicio de la ciudad y en el ruido silencioso de un norte, sus voces llegan francas de palabras que los danzan.
Y no sabe si decirlo pero lo dice. Y ya no teme al espejismo de la nada. Y escucha, en su punto intermedio, unos ojos que la conocen, y ve una voz que la dice.
Y se entrega a la extraordinaria lid de batirse a duelo con los vientos, con los pasos sin regreso. Se niega a callar lo que no dirá porque sabe que su voz igual se entiende.
Ella se abraza con furor a él y del centro de sí le nacen todos los misterios que se aclaran. Ella lo abraza a traspié de todo, a contrarreloj y sin ningún miedo. Lo abraza a él que, a distancia, le nace todo lo azul que la envuelve.

3 comentarios:

  1. Decirlo y en el abrazo: no hay mejor momento.
    El amor completa nuestro misterio.
    Un abrazo a la distancia, aunque no distante,
    Ignífugo Ignis

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  2. Es un placer leerte y recorrer tu página.

    Erika

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  3. Tus azules siempre nacen y son pinturas y poemas que muestran tu alma colorida y generosa.

    Pd: Me encantaron las ilustraciones del libro AHH. Gracias!
    Besote.

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