martes, 24 de noviembre de 2009

DELIRIO XIX - Todo


Y se arremete contra la corriente y nada hacia su destino. Sabe que ahí, ahí en el fin de todos los miedos, en el lugar arremolinado de la única certeza, se contendrá en la concavidad de su abdomen y se dejará beber todas las gotas. Nada y nada hacia el delirio de su carne y la amplitud de todo lo que es. Nada porque ahí se vaciará de todo, al fin, y en el lugar vital de la verdad se entregará. Sabe que no hay remedio, todo tiene la simple y compleja intensidad de la vida. Nada hacia el beso de unas alas que la vuelan y la inundan de todo. Porque todo no puede ser menos que todo. Y todo no puede ser más que eso.

miércoles, 11 de noviembre de 2009

DELIRIO XVIII - Corazoncito


Cómo no sentir este hueco en el centro entero de mí y cómo no ser, ahora, alguien que intenta desarmarse el adentro para dejar de ahogarse en esta quietud de dedos que hablan porque la voz tiene una soga que la sepulta. Cómo no sentir que si pudiera nada de esto me pasaría. Si pudiera extirparme el corazoncito de nena que no creía en el amor. Si pudiera batirme a duelo con el tiempo que siempre, pero siempre, me desalma.
Qué culpa tienen mis besos si no nacieron hace tanto. Qué culpa tiene mi abdomen de no ser como entonces cuando nada creía y nada buscaba. Qué culpa tengo yo de no haber estado antes ahí. Qué culpa tiene mi corazoncito creyente.
Será la eterna estrella del sin tiempo que me sigue. Ella me sigue y yo quiero escaparle. Será que lo que me calma me llega siempre cuando me fui. Que me condena este corazoncito huérfano estrellado en el camino de lo que podría ser pero no es.
Qué culpa tiene mi boca. Qué culpa tienen mis pasos.
Qué culpa que no comprendo me sigue descorazonando

lunes, 2 de noviembre de 2009

DELIRO XVII - Mareas


Él, el mar. Él, la inmensidad de algo que me expande. Hasta las rocas saben a oleaje en tiempos de marea baja. Hasta la piel se sala de él cuando la noche se prende en lo inmenso y parimos un instante mutuo sin recetas y sin conjuros para ser tiempo, para que el tiempo sea un tiempo inagotable.
No se sabe nada. Se intuye todo. Y en ese momento de marejada sin agua que me moje, me toco con la fuerza de todo el océano que es. Me sumerjo virgen de palabras y me digo lo que escucho cuando sus labios callan.
Él es todo el mar que me contiene. Él es mi inmensidad. Y yo también inmensa, me sumerjo en él.
Espero la inevitable marea alta.