miércoles, 28 de octubre de 2009

DELIRIO XVI - Humana


A veces el caos es un manto oscuro que regurgita la pena de aquello que no es, no está, no se ve, no se escucha, no se dice, no se huele. A veces una parte se oscurece en las dudas, en el no de los noes, en el saberse humano imperfecto corroído por lo humano, por lo mínimo de humano, por lo mucho. A veces uno se siente envuelto en el recodo de la nada y se mana de sus manos una espera eterna. Y los pedazos de lo uno y de lo otro, de lo que se quiebra en el error de ser tan frágil y tan idiota de pensar que no puede ser de otra forma.
A veces me parto en dos y el caos vence al caos y de mí nace otro caos que me come. Me mastica con dientes de perro alzado y me traga. Me traga hasta que no queda nada de mí.
Otras veces es la certeza. Otras veces es la otra parte de mi historia, la des-cara de una moneda oxidada que se vuelve gema en un río que me llora. Y ya no soy humano ni caos. Y es y está y se ve y se escucha y se dice y se huele. Y es sí. Un sí llano de mañana abrigada por la luz de unos ojos. Un entender. Ser enteramente deshumana para ser en el descaro de lo imperfecto la perfecta muestra de mí.
A veces soy inmortal, bella, clara y única. Otras veces, como ahora, muero deslucida por la oscuridad de lo humano. Por la oscuridad de sus ojos que se cierran a mis ojos.

miércoles, 21 de octubre de 2009

CLAVOS


La mujer que anida un mundo y clama un mundo, llora.
No es el clavo en el costado izquierdo lo que duele, no es ese saberse ya marcada por las horas del pasado, por las horas sin niñez. No es tampoco el clavo del costado derecho el que la inunda. Ese clavo dice que entiende la tristeza, que sabe ya cómo arrancarla. No, tampoco la hacen agua los clavos de la frente, esas marcas abren el perdón.
Frente a frente a todo aquello que la vulnera, que la evita y no obstante no logra detenerla. No son las puntas que aguijonean su mente la razón de esas lágrimas que manan. Ni sus ojos son reflejo de un tiempo que pasó, que la negó e intentó borrarla. No.
Tampoco el clavo de su pecho logra ser la causa de esas lágrimas que fluyen. Porque su pecho herido ahora sabe más y siente más y vibra más que nunca.
No llora la mujer por sus heridas. Llora, quizás, porque en ellas se encuentra aquello que la arma, que la completa.
Seguramente sus ojos de sal, estáticos en taciturna huída, evidencian la felicidad de seguir, la certeza de ser.
Los clavos y sus marcas la convencen de que existe la libertad. Le demuestran que hay un a pesar de, un sin embargo.

miércoles, 14 de octubre de 2009

DELIRIO XV - Alas


Un pájaro nos cruza en vuelo. Y tus alas y mis alas.
Manidas las plumas en poesía, manidas las alas, manidos los vuelos. Y no hay, sin embargo, ahora, otras palabras más que alas de plumas nacidas en viaje. Porque pájaros somos buscando el tiempo de claro aletear. Y mis ojos de pájaro buscan el sueño de tu boca entreabierta. Y sos vos el que acompaña las lágrimas tristes de los entierros. Tu voz que me calma el dolor de herida que late. Cuando niña, cuando antes de vos, cuando sólo tenía tres pares de ojos y nada más, y a pesar de ser eso todo y suficiente. Cuando ahora que no encuentro más que alas de plumas en vuelo que logren de mí la sonrisa. Cuando ahora que soy un después y que me traigo lo único que vale.
Y es que un pájaro nos surca y ese pájaro nos respira. Me da de vos todo lo que necesito. Nos alimenta el beso entre plumas de suave alivio y quiero ser, también, esa yo que de vos arranque lo que daña.
Manidas las plumas en poesía, manidas las alas, manidos los vuelos. Manido también el dolor y el estar tan sola. Porque ahora que ya no, porque ahora que sí me convenzo y me entrego, prefiero abusar de las alas que seguir repitiendo el dolor de una espera perpetua. Aunque la eternidad sea un abismo y no llegue nunca, prefiero la verdad de un abrigo, la verdad de un grito, la verdad de un adiós, la verdad entera.
Y tus alas y mis alas.

martes, 6 de octubre de 2009

DELIRIO XIV - Insuficiente


No pueden sus orgasmos incendiarios de mujer imaginar que otros orgasmos pudieran compartir esas sábanas. No puede la sirena imaginar que su canto no fuera suficiente para atraer al marino. No puede la diosa imaginar que su cobijo no fuera suficiente.
Diosa que descansa, sirena que espera, mujer que llora. Todas en ella que abre sus piernas y los peces aúllan lívidos esperando sus aguas. Y la mujer no puede entender cuando ama, cuando ama así, cuando se entrega así, que sus escamas de salvaje lujuria no inyecten el antídoto suficiente para ser el Todo en el mar de su hombre. Que su ternura de besos vírgenes de mujer virgen de amores pasados no sea suficiente.
Será que el marino está siempre de viaje. Que no lleva equipaje que le pese. Que no quiere que le pese ningún equipaje. Que lo asusta la inmensidad de una mujer que sólo se entrega a él, que se desborda en él y sólo en él se siente.
Será que su hombre no entiende la magia. Será que prefiere ocultarse del sol. Será que es un marino aprensivo. Un marinero que no quiere doblegarse al canto encendido de su hembra.
Será, entonces, que la hembra no logra dar el Todo que contiene. Será que el recelo hace que el macho se deje arrastrar por las mareas.
Será, quizás, que siendo extraordinaria no soy suficiente.
Será, probablemente, que ni siquiera es suficiente el amor de verdad.