lunes, 21 de septiembre de 2009

DELIRIO XIII - Señal



Se perdió en el rojo del cubrecama. Se hizo abrigo para el hombre que, de espaldas, apoyaba su cabeza en la almohada. Dormitaba una mañana nueva.
Se sintió rojo de sueño y ternura, azul de lujuria y delirio. No hubo despojos de ropa, ni pieles desnudas mutando formas. No hubo lenguas lamiendo coyunturas y brechas. No hubo más que unos suaves toques de piel y unos besos de dulce. Un perfume de sol y agonía, un aliento de quietud y música. Hubo, también, un despliegue, una metamorfosis lenta. Se acostó mirando al techo y los ojos de él la tocaron. Y los labios de él descendieron hasta permanecerse en su ombligo. Se perdió el miedo a lo incógnito y la mácula se olvidó en los besos. No hubo una boca lamiendo y otra boca clamando. No se hicieron doler de gozo ni se tocaron el agua del antojo. Pero hubo un sentirse juntos completos. Y una tristeza y un pesar. Un instante de luz y templanza. Un guiño de amor. Un saberse absolutos.

lunes, 14 de septiembre de 2009

DELIRIO XII - Trenes


Se me abre una orilla que no supe encontrar antes y en ese margen de mí las lluvias mojan de manera grave. De agua este mero andar descalza por los durmientes que un tren ya no visita. El tren de los días hasta pronto se marchó en la mudanza de los bagajes. Y es este costado que no vi en los rincones de mis ojos, la mirada testigo de una luz que fui. Que soy, ahora, con la controversia de los tiempos que descorren recovecos ocultos. Suele hundirse el sol en el tajo de mi lado incierto, suele rodar como espina sin lanza, en la ladera de una ruta que se cae. Gira. Gira y raspa la piel de mi costado, se clava en el hueco que ya no se vaciará.
Se me abre todo el cuerpo con la espera de las lluvias que llegan. A veces, la sequía. A veces, una sola palabra alucina un resucitar. Y parece que viene otro tren vacío, dispuesto a llenarse de las cosas que me faltan en el camino hacia mí. Y luego otro tren que despierta la ruta abandonada y me cuartea en gozo. Me vacía de los tiempos sin.
El costado que se abre ya no se cierra nunca. Si es cierto o no, si las lluvias mojan tanto, es algo que jamás los filos detendrán. Un costado de mí nuevo, calcinado de un sol que moja. Un tren descarriado hacia el regreso. Una vía hacia mí. Su tren que acaso descubra mi estación.

martes, 1 de septiembre de 2009

DELIRIO XI - Sirena


No es mar esto que ahoga. No es aire ni humo ni polvo. Es, tal vez, el silencio de una noche en cien noches, el silencio de una boca que abre los espacios inconclusos y los completa. La completa y lee las palabras que no escribe, aúlla los gritos que calla. Que hace ver, verle, verse, verlos con ojos de sirena desterrada en la roca más alta. Oteando la sirena que es, toda la inmensidad de un sueño.
No es mar. No es aire ni humo ni polvo. Es la noche iluminada con un rayo de sobrevuelo. Sus escamas que reflejan el espejo. Es, tal vez, la profundidad toda que la espera. Los requiebros de un alud de fuego. La misma piedra que la sostiene o sus propios ojos contemplando el silencio.