jueves, 27 de agosto de 2009

DELIRIO X - Tiempo


Bajo la piel el tiempo marca los tajos de todo lo perdido. Dilación que desangra las mañanas y las tardes y las noches. Derrama días de destierro brutal. Y lloran las grietas los despojos que se pierden fatalmente, que se calcinan en la elipsis de las horas. Porque no fue antes. Porque el ahora la condena a romperse. El abismo de una cruz y el imposible en un todo ella oculto.
Y es que la piel la vive mujer, la vive fuera de tiempo. Porque muestra todo lo que oculta. Porque ella es en sombra una grita mas del momento que la marca.
Sobre la piel, la piel misma y el calor y el darse desnuda. Sobre la piel mujer entera sin marcas de otras vidas. Todo un hoy que no incluye ayeres y mañanas.
Debajo, casi, toda, mujer de destiempo, mujer que llora sin lágrimas el jaque mate de un reloj que gira en contra.

jueves, 13 de agosto de 2009

EXTRA-TEJÍA



Penélope tejía sin parar. Tejía parada o sentada. Dormida o despierta. Tejía y destejía para tejer extra, para que no se le terminara la lana de todas las ovejas, para que no se abandonaran sus dedos en la inactividad. Tejía, además, para ejercitar sus manos y hacerlas ágiles de caricias, para que sus manos, en buena forma, también besaran como bocas y tocaran el cuerpo de Ulises como música tranquilizando a un niño. Quería esperarlo aún sabiéndolo objeto de las nereidas. Aún sabiéndose mortal enamorada de un hombre que está siempre alejándose.
Y es que Penélope tejía toda su alma en esa espera. A punto simple, acompañada de fantasmas. Sabía que al fin, cuando las ninfas y las musas y las sirenas se cansaran de su héroe, cuando su héroe se cansara de las aventuras, él se abrigaría en su regazo. Se quedaría en el tejido infinito de su amor.

viernes, 7 de agosto de 2009

DELIRIO VI - Caramelo


Partirse en dos para encontrarse y comulgar con la oscura estrechez de las horas; para ser un después de ahora que el espejismo se le caló en el pecho, que le volvió la sangre del color de esos ojos. Esos ojos que de lejos se presienten verdes pero que son, cuando cerca, de intenso caramelo que envuelve caliente, que se adhiere a la piel y que ya no puede quitarse porque si se lo arranca, se lleva un pedazo de carne.
Partirse en dos para que la mitad acaramelada sepa que es la mitad más pura. Ser en esa mitad, la justa proporción de sus perversiones y caricias. Ser aquello que no buscó ser, que la voló del mundo plano con un levitar de ave fénix deliriosa.
Saber que es sólo esa mitad nueva en sus manos. Que la otra se remienda cada hora porque también lo extraña y se rompe un poquito más y se disuelve en los pedazos partidos.
Esa otra mitad que queda y que zurce lo agujeros de las medias, que cocina a la hora indicada, que saluda y dice gracias y se lava los dientes antes de dormir. Esa otra mitad que desespera porque sabe que se encoje, que le cuesta ya no perderse en el calor dulce de la otra mitad que vive.
Partirse en dos para que la mitad que agrega sal líquida a la sopa que revuelve, se vaya abandonando a la verdad de la otra mitad que contiene a esos ojos.
Desvanecerse en la verdad que se extiende. Ser enteramente suya, a riesgo de desaparecerse de sus ojos cuando, rompa el hervor y el caramelo se queme.