domingo, 26 de julio de 2009

DELIRIO V


Voy a dormir para que los días se vuelvan breves como la atención que ponemos en aquella foto en la que no estamos. Frágiles como el toque de labios cuando besamos la mejilla de algún desconocido al que no queremos conocer.
Mínimos, los días. Pequeñitos.
Y con los días brevísimos las noches serán largas como el tiempo suspendido entre nuestros brazos, en la imagen de los orgasmos tatuados en mi boca cuando tu espejo te cuenta mis secretos.
Serán las noches extensas como las caricias que quiere darte mi piel, y mi aliento que tiembla en la inmensidad secuencial de tus ojos tocando.
Enormes, las noches. Inmensas.
Padecer este deseo que me abre las piernas, que me cierra las ventanas a todo lo que no es. Que me muestra el porqué de mis porqués en tus manos. Padecer la noche y, sin embargo, sufrirla satisfecha. Ser noche.
Dormir, ahora, para que la espera no tarde tanto. Aunque las noches sean eternas sin tus ojos: Son tuyas. Porque la vigilia infinita es menos monstruosa con vos prendido de mis sueños. Y porque cuando me roces, el mismo tiempo, como sabe, se comerá a todos los relojes.

jueves, 9 de julio de 2009

DELIRIO IV


Pongo en medio del cuarto la silla que preferís por robusta, frente a vos. Llevo puesta la pollera milimétrica que te invita a deslizar la mano y acariciar. Me siento y mis ojos se te clavan. Te acarician mis pestañas. Mi aliento a fruta ilícita atraviesa la distancia que nos une, deja rastros de vino, vestigios de apio en la sangre y revolotea zigzagueante para incrustarse en tus fosas nasales.
Toco con los dedos el dibujo de mis labios, humedezco el índice con la punta de la lengua y lo deslizo en vaivén por la carne de mi boca. Sentada frente a vos, con toda mi lascivia. Suplica mi piel el roce. Detona la hembra desgajando cimas, bebiéndote. Una luz llameante acaricia mis contornos y pare sombras que se hunden en la pared.
Abro las piernas. Las cierro lentamente. Las abro. Esgrimo mi hambre con tu imagen frente a mí, para llenarte de ganas, para que desenfrenado saltes del recuadro y me toques.
Me entrego a tu merced. Palpo tu cuerpo con mis pies y me guardo tu piel entre las uñas. Chocan los abismos y me suicido con vos. Toco, toco, acaricio, muerdo el aire con colmillos hambrientos. Miro tus ojos de papel. Y jadeo… me desarmo. Muero saboreando la sangre de tu carne en mi boca.
Así, borracha de vos, abrazo tu foto y me duermo.