martes 26 de enero de 2010

DELIRIO XXV - Fugacidad


El vivir es tan breve que no vale la pena abreviarse los sentidos ni vetarse los gritos y tan breve es vivir que se nos pasan los días olvidándonos de su brevedad y nos quedan en ascuas las palabras que no decimos porque pensamos que mañana o pasado deberán ser dichas y tan breve es el tiempo que la risa se nos queda perdida y más breve es el instante de la sonrisa y la gloria y tan breves son los instantes cuando gozamos y las horas cuando nos aman que algunas veces no recordamos la dicha y se nos escapan los recuerdos como breves películas en blanco y negro y breve es la lágrima también aunque el dolor nos dure y nunca el tiempo que dura la lágrima es equidistante a la pena que sufrimos y los abandonos son instantes de amargura que nos quedan perdidos en los huecos del silencio y hasta los besos que damos se aniquilan en una breve onomatopeya y tan breve es el amor aunque nos dure una vida y las horas se nos esfuman y se nos enfrían los huesos y brevemente sabemos por unos instantes breves que sin darnos cuenta nos vivimos abreviando.
Y tan breve es el morir.

miércoles 20 de enero de 2010

DELIRIO XXIV - La sirena y su mar


Las sirenas tenemos la manía de nadar siempre a lo profundo y desbordarnos. Cuánto más hondo nos sentimos, más se nos evidencian los colores y los desbordes. Las sirenas sabemos adorar cuando aprendemos a hacerlo. Nadie nos enseña pero sabemos. Se nos acopla el arte de alabar en el mismo momento en que encontramos el mar que nos falta. Y ese mar se nos inyecta y ya no podemos venerar a nada más que no provenga de ese mar. Amamos sus corrientes y sus frutos, sus zonas impenetrables, sus abismos. Amamos toda la vida que contiene y hasta amamos la falta de lo que le falta. Somos, sin duda, las enamoradas más feroces y más francas. No necesitamos concesiones y nos gusta cantar nuestras certezas.
Es por eso que interna en tu mar no me puedo reprimir y me sumerjo. Se me inunda el adentro y el corazoncito me palpita a mil por hora. Mi corazoncito que era antes más duro que una ostra cerrada y sin perla, es ahora un blando cuerpo que palpita y atesora tus ojos. Mi corazoncito domesticado ahora siente. Hasta colecciono las piedras de tus viajes sin mí y le rindo pleitesía a cada uno de los segundos que te toco. Cada gotita tuya es como un tifón que me remonta y me asfixio cuando no estás. Es por eso que para adorarte hice un sagrario secreto en donde veo el mar que me envuelve y canto. Es por eso que no me importa parecer sumergida demasiado y me muestro aleteando incansable hasta tus puntos más lejanos y me acerco y te dejo alejarte porque no me canso de nadar. Y soy salvaje y verdadera cuando me acaricia tu espuma y tu sal me quema la piel escamada y aviva más mi azul. Y es por eso que no me callo lo que siento y me importa poco quedar en evidencia y me entrego enamorada a tus aguas.
Las sirenas no morimos nunca. Nuestro mar sabrá de nosotras aunque ya no nos envuelva. Somos tan fieles que si la vida nos impone la sequía sabemos permanecer en los recuerdos. Vivimos para siempre en los abismos del mar que fue nuestro y allí seguimos existiendo.
Es por eso que si algún día tú mar me expulsa, si tus vaivenes y tus corrientes submarinas se cansan de ser mar y te transformás deliberadamente en un hombre común que desea amar a una mujer común, no te preocupes: en tus zonas más profundas seguiré sumergida, silenciosa y desbordada. Seguiré ahí en donde sólo vos me puedas encontrar, ahí frente a tu sagrario, contando piedras, destilando sal, adorándote siempre.

viernes 15 de enero de 2010

DELIRIO XXIII - Periplo


Y no sabe si decirlo. Se anuda con furor en sus manos y del centro de sí le vuelan libélulas azules que murmuran lo que calla. Ahí en ese punto invisible, al filo del horizonte, en donde se encuentran los pensamientos de ambos. Ahí en donde las palabras que no dicen se hacen nexo y nítida voz en la distancia. Ahí en la mitad del estar lejos, en el silencio del bullicio de la ciudad y en el ruido silencioso de un norte, sus voces llegan francas de palabras que los danzan.
Y no sabe si decirlo pero lo dice. Y ya no teme al espejismo de la nada. Y escucha, en su punto intermedio, unos ojos que la conocen, y ve una voz que la dice.
Y se entrega a la extraordinaria lid de batirse a duelo con los vientos, con los pasos sin regreso. Se niega a callar lo que no dirá porque sabe que su voz igual se entiende.
Ella se abraza con furor a él y del centro de sí le nacen todos los misterios que se aclaran. Ella lo abraza a traspié de todo, a contrarreloj y sin ningún miedo. Lo abraza a él que, a distancia, le nace todo lo azul que la envuelve.

martes 5 de enero de 2010

DELIRIO XXII - Fenix


"Renacer" por Zenun


Cuántas de mí se saben hoy en este instante en que me veo con los ojos de la noche y mi cuerpo es un lugar lejano en donde nadie puede refugiarse. Ni siquiera yo puedo en mi cuerpo asomar las caricias que no tengo hoy, ni besarme los rincones de esta sola noche desvanecida.
Cuánto hay de mí que hoy no comprendo o que no quiero comprender y cuantas yo acunan el deseo de no sentir. No sentir con esta intensidad atómica, impresionante, descomunal.
Cuánto hay de mí que sigue creyendo que las noches se hicieron sólo para que mi alma llore. Cuántas eternidades sentiré antes de partir y partirme para dejar de sentir de manera tan intensa todas las lunas visibles e invisibles.
Cuál de todas yo entiende que nací para explotarme con el alma de un infinito algo insospechado. Quién de mí me sabe esta noche tan sola y me espera.
La distancia y la oscuridad comulgaron en mi vientre. No pariré otro hijo ni seré yo lo que soy en él.
Mañana como siempre volveré a ser todas las que soy, soplaré las cenizas y volveré a creer que no existen imposibles. Sonreiré a una nueva noche.
Mañana, otra vez, volveré a nacer.

lunes 28 de diciembre de 2009

DELIRIO XXI - Vuelo


Voló siempre con su alita traslúcida e inquieta. La agitaba en veloz aleteo hasta que un despegar valiente provocaba el levitar. Si los vientos ayudaban el vuelo podía ser dulce, la altura del sueño un respiro de estrella y hasta las lágrimas brotaban en manso río de claro en donde sus pies se podían refrescar luego, después del viaje, frente al fuego o al crepúsculo. Feliz era ella con sus revoloteos esmerados, con su sosiego, con su acostumbrada sombra de niña sola, de mujer partida. Y su alita la llevaba lejos, la traía cerca, le daba amplitudes a sus dedos y la poesía asomaba por sus venas. Era feliz ella partida y sola, y era feliz porque no sabía que se podía no serlo, porque nadie le había enseñado que la felicidad podía ser otra cosa, que podía ser más, que podía ser menos, que podía, incluso, doler. Dolerle intenso. Como duele ahora que su ala se encontró con otra que la impulsa y sus vuelos son occidente en un mar que sabe de tifones y amaneceres claros. Él le da su ala cuando el tiempo parecía obligarla a la sombra acostumbrada, a la utópica felicidad imaginaria.
Él toma su alita y la hace suya. Y felicidad es volar tan alto y duele el miedo de caer de pronto porque con un ala sola es imposible permanecer en las alturas. Duele pero calma y asoma una luz inédita y todo dolor y toda felicidad pasada es acaso un chispa de algo que fue y que pertenecerá a otro tiempo. Porque juntos son un completo. Porque juntos pueden volar hacia todo. Porque juntos irremediablemente, sólo juntos, existen los vuelos verdaderos.
Y no sabe si él también tenía una alita sola –no importa-, sólo sabe que con el ala de él y con la suya ya no importan los futuros ni los imposibles. Sólo existe el hoy de vuelo inmenso, la altura que jamás alcanzaría el uno sin el otro.

miércoles 9 de diciembre de 2009

DELIRIO XX - Sueño


Y no sabe si ella existe porque él la sueña o si es él el que vive porque es ella quien lo sueña. Todo es un puzzle que se expande en la mirada de la noche y los ojos abiertos o cerrados son testigos.
Un camino de escalones que no es para subir ni bajar, un camino que los traza por el centro y los une. Y no saben si existen como invento del otro o si los otros son quienes los sueñan y no existen.
Al fin de cuentas dicen que de sueños también se vive. Y ellos viven, de forma extraña, la extraña forma de soñarse.

martes 24 de noviembre de 2009

DELIRIO XIX - Todo


Y se arremete contra la corriente y nada hacia su destino. Sabe que ahí, ahí en el fin de todos los miedos, en el lugar arremolinado de la única certeza, se contendrá en la concavidad de su abdomen y se dejará beber todas las gotas. Nada y nada hacia el delirio de su carne y la amplitud de todo lo que es. Nada porque ahí se vaciará de todo, al fin, y en el lugar vital de la verdad se entregará. Sabe que no hay remedio, todo tiene la simple y compleja intensidad de la vida. Nada hacia el beso de unas alas que la vuelan y la inundan de todo. Porque todo no puede ser menos que todo. Y todo no puede ser más que eso.

miércoles 11 de noviembre de 2009

DELIRIO XVIII - Corazoncito


Cómo no sentir este hueco en el centro entero de mí y cómo no ser, ahora, alguien que intenta desarmarse el adentro para dejar de ahogarse en esta quietud de dedos que hablan porque la voz tiene una soga que la sepulta. Cómo no sentir que si pudiera nada de esto me pasaría. Si pudiera extirparme el corazoncito de nena que no creía en el amor. Si pudiera batirme a duelo con el tiempo que siempre, pero siempre, me desalma.
Qué culpa tienen mis besos si no nacieron hace tanto. Qué culpa tiene mi abdomen de no ser como entonces cuando nada creía y nada buscaba. Qué culpa tengo yo de no haber estado antes ahí. Qué culpa tiene mi corazoncito creyente.
Será la eterna estrella del sin tiempo que me sigue. Ella me sigue y yo quiero escaparle. Será que lo que me calma me llega siempre cuando me fui. Que me condena este corazoncito huérfano estrellado en el camino de lo que podría ser pero no es.
Qué culpa tiene mi boca. Qué culpa tienen mis pasos.
Qué culpa que no comprendo me sigue descorazonando

lunes 2 de noviembre de 2009

DELIRO XVII - Mareas


Él, el mar. Él, la inmensidad de algo que me expande. Hasta las rocas saben a oleaje en tiempos de marea baja. Hasta la piel se sala de él cuando la noche se prende en lo inmenso y parimos un instante mutuo sin recetas y sin conjuros para ser tiempo, para que el tiempo sea un tiempo inagotable.
No se sabe nada. Se intuye todo. Y en ese momento de marejada sin agua que me moje, me toco con la fuerza de todo el océano que es. Me sumerjo virgen de palabras y me digo lo que escucho cuando sus labios callan.
Él es todo el mar que me contiene. Él es mi inmensidad. Y yo también inmensa, me sumerjo en él.
Espero la inevitable marea alta.

miércoles 28 de octubre de 2009

DELIRIO XVI - Humana


A veces el caos es un manto oscuro que regurgita la pena de aquello que no es, no está, no se ve, no se escucha, no se dice, no se huele. A veces una parte se oscurece en las dudas, en el no de los noes, en el saberse humano imperfecto corroído por lo humano, por lo mínimo de humano, por lo mucho. A veces uno se siente envuelto en el recodo de la nada y se mana de sus manos una espera eterna. Y los pedazos de lo uno y de lo otro, de lo que se quiebra en el error de ser tan frágil y tan idiota de pensar que no puede ser de otra forma.
A veces me parto en dos y el caos vence al caos y de mí nace otro caos que me come. Me mastica con dientes de perro alzado y me traga. Me traga hasta que no queda nada de mí.
Otras veces es la certeza. Otras veces es la otra parte de mi historia, la des-cara de una moneda oxidada que se vuelve gema en un río que me llora. Y ya no soy humano ni caos. Y es y está y se ve y se escucha y se dice y se huele. Y es sí. Un sí llano de mañana abrigada por la luz de unos ojos. Un entender. Ser enteramente deshumana para ser en el descaro de lo imperfecto la perfecta muestra de mí.
A veces soy inmortal, bella, clara y única. Otras veces, como ahora, muero deslucida por la oscuridad de lo humano. Por la oscuridad de sus ojos que se cierran a mis ojos.